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En lo alto de una colina peninsular, las cinco cabañas de Colina del Manzano ofrecen a sus huéspedes una inmejorable visión de la Cordillera de Los Andes, el bosque de Arrayanes y del cristalino lago Nahuel Huapi.
El conjunto se muestra en perfecta armonía con los bosques de pinos y arrayanes que lo rodea siendo posible advertir la nobleza de la madera del ciprés en su construcción.
Su apego a la naturaleza, el rescate de objetos significativos de la localidad para la decoración, el valor otorgado al artesanato, la atención de sus propietarios, hacen a un conjunto de cualidades que hacen de éste uno de los Alojamientos Destacados del turismo rural de Argentina.
La naturaleza invade todo el predio, incluso en los agradables ambientes interiores de este extraordinario alojamiento andino. Afuera, la vista se pierde entre ramajes de milenaria forestación; adentro es constante el suave aroma a madera que emana de los pisos, techos y paredes. Sólo este detalle provoca una relajante sensación de bienestar que domina cada momento de la estadía.
Los anfitriones han sabido acentuar la calidez propia de la arquitectura con un estilo decorativo rico en muebles y objetos portadores de historias y recuerdos.
María Laura, propietaria, comenta que cada cabaña tiene adornos de campo, jarras, chapas esmaltadas, raquetas de nieve, botellones antiguos "hay espejos de baños o de living que son de otras épocas. Todos los picaportes de las puertas son nuevos, pero los hicimos hacer en bronce, con moldes que reproducen herrajes antiquísimos".
Un detalle de decoración aporta exclusividad a Colina del Manzano: los muebles que hizo el esposo de María Laura, Rogelio, un ingeniero que en horarios de "descanso" se dedica, con la exactitud de la ingeniería y la dedicación de un artesano, a la producción de mesas, sillas materas, repisas de cocinas, mesas de televisión, lámparas, señalética interna, figuritas de animalitos que decoran los decks.
Los sillones incluso los camastros grandes que están en el jardín; las lámparas del comedor, que imitan a las antiguas de porcelana que subían y bajaban manualmente. Todo ha sido inspiración de las manos de Rogelio.
"En el Club House -explica María Laura- hay una esquina de regalos con tablas hechas por Rogelio, enormes y con un diseño exquisito, combinadas con manijones de hierro."
La atmósfera se torna muy especial en el estar y el comedor de la planta alta. Magníficos ventanales permiten regocijar la vista con las montañas de Los Andes bañadas de sol, las interminables variaciones cromáticas del follaje y las aguas del lago.
Se ofrecen servicios de mucama, telefonía, TV satelital, internet inalámbrica, calefacción central, ropa de cama y baño. Opcionalmente se puede solicitar lavandería, baby sitter y alquiler de auto.
En las cabañas se sirve el desayuno, aunque hay cocina completa. Todas poseen deck individual, solarium con reposera, camas sommniers, cunas y sillitas para bebés, cofres de seguridad y juegos de mesa.
En el Club House se brinda la recepción y se dispone de acabada información turística. Techo vidriado, objetos insólitos, libros y confortables sillones, todo ambientado por una suave melodía de jazz que aporta carácter y personalidad. El equipo de música y el DVD quedan a disposición de los huéspedes.
Una agradable piscina climatizada con solarium, gimnasio, asadores individuales,
juegos infantiles y un hermoso parque con árboles autóctonos y frutales complementan la variadísima oferta del lugar.
La situación peninsular de la colina otorga a las cabañas una espectacular vista panorámica del Parque Nacional Nahuel Huapi y del lago Nahuel Huapi. Pero esa naturaleza no está allí sólo para ser mirada y es este el punto donde la naturaleza de aventura comienza a dominar el entusiasmo.
Hay posibilidades de emprender interesantísimos programas de trekking, mountaine bike, cabalgatas, buceo, golf, tenis con o sin profesor, camping y montañismo, deportes náuticos, excursiones y clases de pesca con mosca y, claro está, traslados, clases y pases al exclusivo centro de esquí Cerro Bayo.
María Laura recomienda paseos en cabalgatas con unos guías locales que permiten descubrir al visitante lugares solamente accesibles por senderos y muy escondidos o desconocidos, con programas que van desde dos horas al día entero.
Otra opción "imperdible" son los paseos en un barco-yate con picnic en playas de aguas transparentes, una propuesta que combina con la pesca de truchas. |