|
Portadora de paisajes infinitos, desérticos, ventosos y desolados, la estepa patagónica es a la vez uno de los terrenos más vírgenes que se pueden encontrar en el contienen sudamericano. Desde Los Andes patagónicos la tierra comienza a descender en suaves mesetas cortadas por valles fluviales que se deslizan hasta la costa para terminan en el mar austral. Abrazada por la playa y las montañas, la estepa cobija una maraña de vida animal como los guanacos, las mulitas, ciervos, pumas, maras, zorros y ñandúes que sobreviven a un clima ventoso, frío y seco. La flora está representada por arbustos bajos xerófilos, como el neneo, la llareta y el coirón aunque en los valles y cañadones se demuestra mayor fertilidad. La estepa patagónica e un buen sitio para quienes gusten jugar con la imaginación: un dato interesante puede resultar el descubrimiento de fósiles de eucaliptus de 50 millones de años. Hay que imaginarse este páramo con la fisonomía subtropical que había en el período terciario y pensar que allí habitaban 172 especies de plantas y hoy sólo 20. La diferencia en gran parte quedó en los procesos de selección natural en manos de la extinción. Los fósiles encontrados en esta tierra demuestran también que la estepa patagónica en como un enorme cementerio de dinosaurios. No sólo había colosos vegetales, sino también el mayor animal del que se haya tenido conocimiento en la faz de la tierra: el Argentinosaurus que pudo llegar a medir 40 metros de largo y pesar 80 toneladas. El Parque Paleontológico Bryn Gwyn (ver más) es una verdadera ventana abierta a este singular universo de dinosaurios.
Aunque relativamente poco abundante en diversidad, cuando se compara con otras regiones de la Argentina, la ornitofauna cuenta con varios endemismos de alto interés. Hay varios passeriformes residentes permanentes de las familias Furnaridae, Fringillidae y Tyrannidae, entre otras. Otros ejemplos son la subespecie del ñandú petiso o choique (Pterocnemia pennata pennata) y el keú patagónico (Tinamotis ingoufi), aves caminadoras y bien adaptadas a la vida en la estepa. Muchas de las especies de aves que se crían en la región son migratorias y, durante los meses fríos, invernan en ambientes del centro o del norte de la Argentina, o bien en ambientes costeros. Ejemplos de estas aves son el macá tobiano (Podiceps gallardoi), el chorlito ceniciento (Pluvianellus sociales) o el chocolate (Neoxolmis fufiventris). También es migratoria una de las especies de aves más amenazadas de la Patagonia, el cauquén colorado (Chloephaga rubidiceps), que se cría en el sector chileno del extremo sur del continente y en el norte de la Isla Grande de Tierra del Fuego, y que migra en invierno a las localidades de Energía y Oriente, en Buenos Aires, con una población aproximada de novecientos individuos. Existe otra población no migratoria en las islas Malvinas que no tiene problemas de conservación.
|
|