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Arriba el solemne vuelo del cóndor. Abajo, la silueta desparramada de la araucaria. El momento se impone al espíritu del viajero que se adentra en tierras mapuches. La Cordillera de Los Andes despliega toda su belleza y se muestra íntegra, completa, magnífica.
Rostros morenos, miradas rasgadas. La presencia de la raza originaria se percibe aún sin su presencia inmediata. La sangre de la tierra vive y por algún motivo la naturaleza lo anuncia; como si la comunión del hombre y el cosmos fuese aquí, definitivamente, infinita, sin principio; irremediablemente, sin fin.
Pehuenes se dieron a llamar estos hombres andinos, porque pehuén fue el nombre que a la araucaria ellos dieron. En este árbol de vida milenaria aquella cultura ancestral encontró un símbolo; y este pueblo, un modo de vida. Con la araucaria el hombre originario tuvo madera, pan y vino. La vida humana en estas latitudes estuvo enlazada al árbol, como la de la abeja lo está a la flor.
Aquí, las araucarias son tan significativas que dieron nombres a lugares increíbles. De un lado, en tierra chilena, la Araucanía. Y del otro lado, la Villa Pehuenia. Es suficiente recorrer menos de 200 kilómetros para atravesar, de un lado a otro, de Pehuenia a la Araucanía, un territorio que sabe despertar las más acaloradas pasiones de viaje. Un experiencia maravillosa e inolvidable.

Pehuenia argentina
Desde la ciudad capital de Neuquén hasta Villa Pehuenia hay que atravesar poco más de 300 kilómetros y llegados a este punto comienza el gran espectáculo de los lagos patagónicos.
El Aluminé parece dar la bienvenida. Más abajo, hasta entrar a la provincia de Río Negro, vienen el Ñorquinco, el Quillén, el Paimún, Huechulafquén, Epulafquén, Curruhué, Lolog, Lacar, Hermoso, Meliquina, Trafull, hasta caer finalmente al Nahuel Huapi.
Para vivir el corazón de la araucaria hay que quedarse en la línea de Pehuenia y aquí hay mucho por hacer: pescar truchas, andar a caballos, trepar la montaña y, si el viaje se hiciera en invierno, esperar la nieve para disfrutar unos estupendos días de diversión.
Más sofisticado es ir en pareja y alojarse en Posada La Escondida, desde donde se puede zarpar en un velero más que romántico. “Las salidas son privadas y están pensadas para quienes desean llevarse un recuerdo muy personal de Pehuenia. Nuestra tripulación parte en el velero y se brinda un circuito muy romántico por el lago, con servicios de bar y gastronomía a bordo”, explica Graciela Azcurri, propietaria de ese precioso alojamiento situado en la costa del Aluminé, donde también se reciben familias en cómodas cabañas.
El Lago Moquehue es otro punto para visitar, particularmente donde se une con el Aluminé formando un recodo tranquilo que suele utilizarse como balneario en las épocas estivales.
Avanzado el año es más apropiado pensar en paseos en trineos tirados por perros o las travesías 4x4 por caminos sumergidos en apacibles y nevados bosques.
Alojamiento Destacado en Villa Pehuenia: Posada La Escondida: Ver aquí
Araucanía chilena
Más al oeste de Pehuenia, en unos minutos se llega al paso fronterizo de Icalma. Inmediatamente se visualiza la laguna que lleva el mismo nombre y que da nacimiento al reconocido río Biobío muy apreciado por los pescadores de salmón.
Si se avanza 120 kilómetros de ripio se accede, seguidamente, a la ruta internacional que lleva al famoso túnel Las Raíces, de cuatro kilómetros y medio de largo, para adentrarse a la región y reposar en Curacautín, desde donde se puede acceder al Parque Nacional Tolhuaca, y disfrutar las termas homónimas.
Uno de los destinos más bonitos de la Araucanía chilena es el Parque Nacional Conguillío que viene alimentando los noticieros gracias a las espectaculares erupciones del volcán Llaima.
La última estridente puesta en escena ocurrió pocos días antes de Semana Santa de 2009. Entonces, el parque fue evacuado, pero los turistas que inteligentemente tomaron alojamientos en Curacautín, pudieron observar una muy intensa actividad en diferentes horarios, dando a su estadía una visión difícil de reiterar.
Este volcán corona la laguna Captrén otorgando al visitante mil y una postales caracterizadas por el surgimiento de gran cantidad de troncos fósiles por sobre la superficie.
Lengas, ñires, coihues dan marco a este territorio de casi 61 mil hectáreas que alimentó su fama al ser elegido como escenario natural del documental Caminando con Dinosaurios, producido por la BBC de Londres.
Sorprende la presencia de tres variedades de orquídeas pero los amantes de la observación de plantas estarás de parabienes aquí, donde hay unas 250 variedades de plantas declaradas, entre ellas, helechos, zarzaparrillas, violetas, canelos enanos, azucenas, calafates, etc.
Este parque Nacional tiene su propio alojamiento pero debido a las erupciones es mejor tomar distancia y aprovechar el espectáculo que la naturaleza ofrece con su inconmensurable fuerza.
En Curacautín Del Bosque Nativo, que ofrece un excelente mirador para cuando ocurren las erupciones, y cuentan con muy buenas comodidades, incluso con cabañas dispuestas con sumo confort.
El espectáculo volcánico es uno de los atractivos de la Araucanía y los propietarios de ese hotel mantienen a sus clientes informados acerca de la actividad del Llaima. Con ellos se pueden organizar muy buenas excursiones, como así también algunos programas a caballo y salidas en 4X4.
Para quienes acepten la sugerencia, no olvidar solicitar en el restaurante un buen plato de salmón a la mantequilla, la chef se lo hará llegar a la mesa con una exquisita salsa de mariscos y con una muy buena botella de vino chileno. Allí mismo también sabrán asesorar a quienes quieran esquiar en las pistas de Corralcó y Arenales.
Tras disfrutar las bondades chilena, el regreso a la la capital neuquina demandará un recorrido de unos 440 kilómetros. Mientras, se habrá vivido una experiencia del más apasionante turismo que pueda hacerse sobre las laderas de la cordillera de Los Andes.
Alojamiento en Curacautín: Hotel de Campo & Cabañas Del Bosque Nativo: ver aquí |