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Hacer turismo arriba de un caballo podría asimilarse a una de las experiencias más cercanas al estado de libertad. Aventurarse por territorios naturales entre paisajes deslumbrantes, palpitando los aromas, la temperatura del viento, los desafíos. El ver transcurrir las horas bajo el paso del sol, recibir las primeras estrellas y volver a la guarida, o dejar la noche avanzar sobre la esperanza de un nuevo día.
Tú y el caballo... vívelo, conócelo, repítelo. |
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